El orgullo de la revolución
Venezuela en el quinto lugar entre los países
más peligrosos
Venezuela siempre está allí, cerca de cualquier evento
donde se tenga que aspirar a un puesto privilegiado en cualquier actividad,
este año hemos alcanzado formar parte de los cinco países más peligrosos del
mundo..
Esto solo se ve en revolución y por supuesto que se
llenan de orgullo al llamarse revolucionarios,
y tienen razón, porque a pesar de que en el 2013, se contabilizó
un total de 24,763 homicidios, ese pueblo a quien le matan sus hijos sigue
votando por el comunismo del siglo 21
El total eleva la tasa de Venezuela a 79
homicidios por cada 100.000 habitantes, relación que contrasta con el promedio
de 15 por cada 100.000 habitantes del Hemisferio Occidental.


La terrible realidad es que esto lo viven los venezolanos todos
los días y que el gobierno revolucionario en 15 años, ha batido record de
inseguridad y muertes violentas, por carecer de políticas de prevención de la
delincuencia y en el algunos casos el mismo gobierno las auspicia, como cuando
permite que organizaciones denominadas colectivos anden armadas por todo el
país y particularmente en Caracas donde hasta tienen zonas donde no dejan
pasar a nadie que no se identifique con el gobierno comunista..
El presidente Nicolás Maduro indultó un importante número de
reos en diciembre, la Ministra Iris Valera anunció orgullosa que han salido de
la cárcel cualquier cantidad de delincuentes, que desgraciadamente, no todos
van a la búsqueda de rehabilitar sus
vidas para bien, sino que muchos de ellos fueron a las calles a seguir con el
juego macabro, aprovechando que aquí la justicia es ciega sorda y muda.

El venezolano ha entendido que
con el comunismo el mal de la inseguridad no tiene soluciones serias,
planificadas y menos, estudiadas con los mejores criminólogos de la nación
suramericana y del mundo, de allí la preocupación de las madres cuando sus hijos salen a las calles.
Los habitantes del país petrolero han tenido que ingeniárselas para
disfrutar un poco en sus propias casas, donde a la hora de tomarse sus
traguitos lo hacen “encapillao” porque con
tantos crimines es una osadía y un desafío a la muerte salir a fiestas en
Caracas o en cualquier ciudad grande o
pequeña en la tierra de Bolívar.
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